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¿Acaso la pandemia nos ha enfermado?

Ha sido un año extraño. Acaso, ¿esto nos ha enfermado?  ¿Estamos cargados? Lo más seguro es que sí.

Ha sido un año completamente diferente para todos. Ello no quiere decir que haya sido igual para todos.

Esta coyuntura nos permite comprender que, aunque vivamos cosas parecidas, cada uno las asume de modo particular, confrontándonos con nosotros mismos y con los demás.

Con nosotros mismos

Porque nos hace sentir extraños ante la idea de que nos conocemos, que tenemos la capacidad de afrontar una realidad pase lo que pase. O por el contrario, porque nos sentimos tan frágiles o vulnerables que nos da rabia sentirnos impotentes. O nos da miedo sentir que no contamos con alguien que nos comprenda.

Ello también nos permite pensar en los demás. En especial, desde la posición humana de compararnos con el otro.

Nos lleva a preguntarnos por ¿cómo lo llevan, cómo lo toman o cómo lo resuelven? O por el contrario, darnos rabia, porque todo lo que está pasando, de algún modo es su “culpa”.

Nuestro malogrado sentimiento, también nos empuja a negar, a desconocer, a no querer saber absolutamente nada de los demás, porque gracias a ellos está todo como está, llevándonos esta
posición a aislarnos dentro del aislamiento.

Surgen entonces sensaciones, o en algunos casos, sentimientos de miedo que no podemos nombrar, pero que aparecen y empiezan a manifestarse a través de síntomas de sudoración, de aceleración del corazón, de ideas de contagio o de adquirir cualquier patología que pueda estar en el ambiente.

Pensamientos desaforados de una necesidad de estar limpios y de no poder tocar nada porque todo lo que se toque nos puede infectar.

También, la imponente idea de que algo muy, muy grave, nos puede suceder, deviniendo esto en unas ganas de llorar sin saber por qué, y que en ocasiones se materializa y en otras no, pero
frustra más cuando no se puede llorar y nos hace sentir más mal cuando sí lloramos, produciéndonos una irritabilidad que no podemos controlar y por ende, un malestar con sí mismo y una imposibilidad de tener armonía en nuestras relaciones con los demás.

Todo ello revuelto, más la incertidumbre de lo que va a pasar, la incapacidad de saber cuándo y cómo va acabar. Y ni qué decir sobre la presión de aprovechar el tiempo “de otra manera”, de
“reinventarnos”, de adaptarnos y de procurar llevar el asunto lo más “normal” posible.

A lo sumo, sí estamos cargados, y creemos que callando lo que estamos viviendo hacemos más, sin percatarnos que con nuestro silencio nos hacemos más daño, produciendo un ambiente de
tensión que detona en enfrentamientos con los demás.

Ha sido un año extraño, completamente diferente a todos los que hemos vivido, con la peculiaridad de que para todos ha sido así, diferente y aunque sea igual para todos, insisto, cada uno ha reaccionado de modo particular. Por ello, hablar de cómo estamos, es oportuno, para saber que no somos extraños, que no estamos enfermos, que simplemente somos humanos enfrentando lo desconocido. Por ende, es normal reaccionar como reaccionamos.

Ps. Marcos Velásquez.

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