Estilo de vida

Bienestar psicológico del adulto mayor

La importancia de saber envejecer

Cómo se vive la vejez hoy en día

Las nuevas condiciones de vida generadas por la vejez suponen más de un problema para algunos adultos mayores. La cultura, lejos de valorar esta nueva etapa, genera barreras que impiden vivirla con inteligencia emocional y armonía.

Las arrugas surcan la piel, nuestro cuerpo cambia su contextura y el cabello se vuelve cano, como si inaugurase la última fase de la vida. Los cambios impulsados por la vejez trascienden la estética e implican aspectos emocionales y psicológicos que muchas veces pasan desapercibidos. Muchas personas mayores desarrollan cuadros depresivos, cuadros ansiosos, estrés y somatizaciones.

Los adultos mayores que más se deprimen son los hospitalizados que residen en hogares de ancianos

El principal rasgo depresivo de los adultos mayores es la apatía, es decir, el desgano que los lleva a abandonar actividades, a dejar de salir o de compartir con los demás, anteponiendo cualquier excusa para evitar estas situaciones.

Cuando una persona mayor muestra una preocupación excesiva por todo, es decir, está hiperalerta y cualquier cosa lo asusta o estresa, podemos estar ante el caso de un cuadro ansioso, mientras que la somatización se refiere a variadas e inespecíficas dolencias que experimenta un individuo, ya sean mareos o dolores de espalda, cuello y de estómago, por nombrar algunos. El origen de estos malestares no es físico, sino psicológico.

El impacto que tienen estos trastornos psicológicos sobre la salud es enorme, ya que son agravantes de enfermedades físicas (hipertensión, diabetes, entre otros) y fomentan la aparición de trastornos cognitivos (pérdida de memoria, dificultades del lenguaje, problema atencional). En algunos casos, el adulto mayor se auto abandona de tal manera que se niega a realizar tareas tan básicas como bañarse, comer o limpiar su hogar, debido a la desmotivación que lo embarga. En definitiva, los problemas físicos empeoran y el afectado descuida su vida general, lo que sin duda, sólo acarrea consecuencias negativas.

La transformación de la apariencia que conlleva el paso de los años cuesta ser aceptada en nuestra sociedad, donde se rinde culto a la juventud. También cambiamos a nivel cognitivo, como sucede con la denominada “memoria de trabajo”. Como la memoria RAM del computador, que es la que nos permite hacer cosas simultáneamente, ya sea más de dos o tres acciones a la vez.

Esta capacidad disminuye al pasar los años, volviendo a la gente más lenta. No disminuye la memoria ni la facultad de razonar. Simplemente, no podemos hacer tantas tareas al mismo tiempo, lo que estresa a  quienes siempre fueron activos.

Quienes lo pasarán mal son las personas que se resisten al progreso natural de su vida, tanto por motivos físicos como sociales. La aparición de enfermedades o accidentes, como caídas que terminan en fracturas, afectan la moral en la vejez, ya que merman su calidad de vida. La jubilación, el duelo e, inclusive, una mudanza puede afectarlos de manera significativa. Esto se percibe como una amputación de su espacio atiborrado de historia, sentimientos e identidad. La dificultad de adaptarse provoca en muchos casos problemas de memoria, trastornos cognitivos y cambios conductuales.

Los prejuicios de la sociedad hacia la vejez crean una especie de cerco, como si se tratasen de “otros” cuya realidad es incompatible con la nuestra, pese a que tendremos el mismo destino.

¿Cómo vivir esta nueva etapa de envejecimiento?

El evidente problema cultural motivó incluso la creación de la Geriagogía, especialidad que enseña a la gente a envejecer y a no morir en el intento. Debemos prepararnos psicológicamente y pensar cómo viviremos esta fase.

Cuerpo y sociabilidad: comer bien, hacer ejercicio físico, no fumar, evitar el consumo excesivo de alcohol, y tener una vida social activa son las bases para una salud integral. Si la persona es sociable o solitaria, basta solo con un amigo para tener relaciones sociales que influyen poderosamente a nivel físico y psicológico.

Apoyo e ingenio familiar: el primer requisito para que una familia sea efectivamente un pilar de apoyo, es que respete la forma de ser de sus adultos mayores. Otro punto importante es integrarlos como siempre se ha hecho, ya sea en reuniones familiares, conversaciones o al entorno, respetando su ritmo. Si un adulto se cambia de casa y lleva a su madre, es importante que la ayude a ambientarse a la nueva ciudad o barrio. Es decir, hacer de este cambio una experiencia agradable.

¿Hogar de ancianos?: La principal labor de estos lugares es prestar un servicio a las familias que realmente no pueden hacerse cargo de sus parientes. A pesar de la sensación culposa que genera, existen muchos recintos que cuentan con todo el equipamiento material y humano para acogerlos. Lo importante es escoger la mejor alternativa y visitar periódicamente a los familiares. Muchas personas mayores prefieren estos lugares, ya que ahí pueden compartir con otros.

Generaciones unidas: potenciar relaciones intergeneracionales, es decir, entre individuos de diferentes edades, es sumamente beneficioso para todos los involucrados. Es bueno incentivar a los nietos a compartir con frecuencia con sus abuelos. Incluso, en algunos países se efectúan jornadas donde personas mayores van a leer cuentos a niños de jardines infantiles. Esto genera intercambio y fomenta, paralelamente, hábitos de lectura.

Es responsabilidad nuestra generar instancias de interacción entre las generaciones. Se puede aprender de una persona que ha vivido toda una vida y que ha resuelto miles de problemas, que ha vivido bien o mal, pero tiene una sabiduría que yo no tengo.

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