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Desesperanza extrema: una reflexión para evitar el suicidio

La vida es una montaña rusa que puede generar diferentes emociones, para algunos es un desborde de alegría, para otros, miedo intenso que bloquea; usualmente cada parte de esa montaña es tan sólo un momento, así como su emoción que, por más fuerte que sea, es temporal.

Entre todos esos descensos y ascensos, la experiencia de cada ser humano en su propia montaña es única, por más similar que pueda parecer a los de otra persona. De igual manera, la percepción que se tenga de cada momento va a influir en lo agradable o desagradable que sea aquella experiencia.

Y así, a partir de aquella experiencia que se vaya viviendo se van desarrollando estrategias para disfrutar lo más posible o que aquel bajón no golpee tan fuerte; algunas de estas funcionan y se goza a todo dar, generando la ilusión de seguir adelante.

Sin embargo, puede suceder que las estrategias no funcionan como se espera, se intenta con otras, dos veces, tres, cuatro o muchas más sin éxito alguno y la desilusión llega, sumada a la desesperanza, a la frustración y a un agotamiento tan profundo que desorienta a cualquiera y se perciben cada vez menos alternativas; hasta que llega la falsa creencia que bajarse de la montaña dará el descanso y la tranquilidad necesarias, pero tomar esa decisión es decidir no sentir absolutamente nada más, ninguna emoción, ninguna experiencia, ni siquiera las agradables y realmente tampoco es descansar, es simplemente no sentir.

Una analogía para describir a la vida

Las experiencias que una persona vive y la percepción que tiene de estas van generando una postura ante dichos momentos y ante la vida misma, para tomar decisiones.

Así mismo, permite abordar el suicidio como una postura que toman miles de personas en el mundo, como una decisión motivada, en muchas ocasiones por soportar pesos o cargas por mucho tiempo, que generan desilusión, desesperanza, frustración y todo esto sin encontrar respuestas, salidas o la anhelada luz al final del túnel.

Por el contrario, llegan a percibir rechazo, burlas, silencios, evitación e incluso indiferencia hasta de sus seres más cercanos y queridos, haciendo más profundo el hoyo negro. Ahora es momento de ver la otra cara de la moneda, es decir, hay personas que deciden poner punto final a su vida, pero también hay muchas más que deciden continuar y levantarse un día más para disfrutarla, explotar sus potencialidades o con la idea de encontrar un sentido en sus vidas que los movilice y les permita ser felices.

Así es, también hay millones de personas que cada día deciden vivir, con todos los ascensos y descensos de la montaña rusa de su vida.

Cada ser humano es único e irrepetible

Toda persona tiene una percepción de su realidad, de lo que está viviendo y toma decisiones o actúa de un modo u otro. Esta es la razón esencial por la cual se deben eliminar todos los juicios de valor ante las emociones que experimenta ese individuo.

Esta aclaración toma relevancia al tener en cuenta que es un motivo por el cual las personas que presentan alguna conducta suicida, muchas veces se sienten juzgadas o criticadas, generando miedo de expresar lo que están viviendo.

Se hace fundamental resaltar algunos aspectos que pueden ayudar a una persona que esté experimentando elevados niveles de malestar y que generen la percepción del suicidio como una alternativa. Entre los más importantes se encuentra la no percepción de sentido en la vida; es clave aclarar que todos los seres humanos lo tienen y que realmente lo que sucede es que se dificulta percibirlo.

De acuerdo a esto, no podemos darle un sentido impuesto a absolutamente a nadie, pero si se puede acompañar a que lo descubra. Para profundizar sobre esta reflexión, nos basaremos en Viktor Frankl, quien propone una triada para encontrar sentido en la vida, en la que expone los valores de experiencia, que se refieren a todo aquello que recibo del mundo, a una postura de estar abierto a este y disfrutar las cosas que me brinda la vida, desde acciones, personas, situaciones, como un paisaje, la compañía de alguien, un libro, una pintura; todo aquello que se recibe del mundo.

Otra perspectiva

Adicionalmente se encuentran los valores de creación, como su nombre lo dice, están orientados a crear algo. Son aquellas cosas que le puedo dar a los demás; estos toman gran relevancia, porque dan un gran impulso al ser humano cuando es consciente de lo que tiene para dar, por ejemplo, un escrito, acompañar a alguien, escuchar al otro para dar apoyo, una comida que se prepare o invite a otro, siempre enfatizados en crear y dejar huella en los demás.

Cabe aclarar que estos no necesariamente deben ser con un impacto vital como salvar la vida de una anciana de ser arrollada por un vehículo; ya generan impacto desde cosas sencillas, que permitan la entrega de uno hacia el mundo.

De igual manera, Frankl menciona los valores de actitud como la postura que se toma ante cualquier situación tiene gran fuerza, teniendo en cuenta que éstas le exigen a la persona decidir cómo vivir ese instante, ese momento, por tal motivo en las situaciones donde se experimenta algún tipo de sufrimiento, estos valores siempre salen a relucir.

La importacia de desarrollar habilidades sociales

Sumado a los valores propuestos por Frankl para encontrar sentido en la vida, tiene gran relevancia fortalecer las relaciones interpersonales, estas se transforman en una red que brinda soporte, especialmente en las situaciones difíciles.

Cuando existen relaciones sólidas, hay confianza, respaldo, escucha y empatía, entre otras, que le generan tranquilidad a la persona y ante un problema sabe que puede ser escuchada y esto le permite desahogarse y posiblemente ver otras alternativas a su vicisitud.

Como tercer aspecto y teniendo en cuenta las dinámicas del mundo contemporáneo en las que todo es más acelerado, incluso más exigente y las personas están siendo observadas todo el tiempo, es fundamental volver a lo esencial, a aquellas cosas que hacen a la persona ser humano.

  • El individuo debe tomarse tiempo para sí mismo, para su autoconocimiento, para crecer y orientarse a ser feliz, más allá de construirse a partir de lo que quieren los demás y el mundo.

Es necesario permitirse tiempo y dedicarse recursos para ser feliz, por eso buscar ayuda profesional siempre será una alternativa válida cuando se quiere encontrar soluciones o buscar ser mejor persona.

Finalmente, más allá de los tres aspectos mencionados para ayudar a una persona que percibe el suicidio como alternativa, es de suma importancia que desde la infancia se viva una educación centrada en conocerse, en la gestión de emociones, en el desarrollo de habilidades que faciliten relacionarse con las personas y de igual manera, a perder el miedo a equivocarse.

Porque la vida se construye un día a la vez.

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