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¿Cómo aprendemos algo nuevo?

La neuropsicología detrás de los cambios de hábitos

Cuando creamos nuevos propósitos o nos embarcamos en cambios importantes en nuestra vida, de esos que involucran cambios de hábitos, hay varias cosas en juego. Aspectos que van más allá de la sólo la intención de cambiar, y que pueden jugarnos en contra a mitad de camino e incluso hacer que abandonemos nuestros planes. Sigue leyendo para ver tu comportamiento con otros ojos, y realmente comprender cómo se adquieren nuevos hábitos desde un punto de vista neuropsicológico.

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A todos nos ha pasado. Partimos un nuevo ciclo con las mejores ganas y en el camino éstas van perdiendo fuerza, al punto de que terminamos por abandonar completamente la meta. Si bien pareciera que esto recae exclusivamente en nuestra voluntad, la verdad es que una serie de procesos en un área de nuestro cerebro llamado cuerpo estriado son los responsables de ello.

No te preocupes. Aquí te explicamos. 

El cuerpo estriado tiene entre sus funciones la de ayudarnos a aprender a través de las recompensas, lo que hace mediante la liberación de dopamina. Éste es un neurotransmisor que, ante una determinada acción, hace más probable que el comportamiento se repita, formando así un hábito.

Otorgando valor a nuestras interacciones

Si ya sabemos que la dopamina apoya el proceso de ver una recompensa detrás de un hábito o de una meta, entonces, ¿por qué no asociamos automáticamente lo que queremos lograr con esa recompensa? Parece obvio ¿No? Si ya sabemos el por qué queremos lograr esa meta o crear ese nuevo hábito específico, ¿por qué aún así lo abandonamos a mitad de camino?

La neuropsicóloga Diana Maria Alvarez Amariles nos ayuda a explicar esto. “Cada uno de nosotros, los seres humanos, somos la expresión de permanentes interacciones entre tres sistemas que conforman nuestra subjetividad: el sistema afectivo, el sistema cognitivo y el sistema expresivo”, detalla.

Con esto, comprendemos que el valor que le asignamos a un hábito o meta, debe incluir un juego constante entre estos tres sistemas. Lo interesante aquí es que esto no es algo automático. Sino que debe necesariamente tratarse de un proceso consciente, gracias al que determinamos tareas pequeñas y que parezcan realizables de forma lo suficientemente fácil.

“Y es en este punto en donde usualmente fallamos. Determinamos ideas de hábitos muy generales y solemos pensar que con la idea ya es suficiente para ejecutar las altas expectativas que nos ponemos”, agrega.

Aprendiendo un nuevo hábito en 3 importantes pasos

Entonces, ¿qué podemos hacer para que nuestro cerebro mantenga el valor asociado a una interacción? La respuesta no radica en qué estamos aprendiendo, sino con qué tanta información contamos al momento de interactuar con ésta nueva meta o hábito.

Y es por ello que nuestro cerebro desglosa esta interacción en 3 fases, explica Diana Maria Alvarez Amariles. 

Primero, existe la Etapa 1 de Disposición al aprendizaje.“En este momento, cuando se interactúa con situaciones que generan un vacío de información asociado a la realidad, lo que sucede en nuestro cerebro es que el sistema cognitivo no encuentra instrumentos y significados válidos que le permitan relacionarse con dicha situación (la necesidad de un nuevo hábito)”, explica.

Ante este vacío, el sistema afectivo decide entre: “a) Vincular nueva información del medio, b) sólo utilizar los recursos internos o c) solucionar el conflicto evadiendo la realidad que lo genera”, agrega.

En la Etapa 2 de Reestructuración, cuando se comprende la importancia de resolver el conflicto, obtenemos entonces información del medio para convertirlo en conocimiento. Aquí, “el sistema cognitivo  iniciará  un proceso en  el  cual  la  nueva  información  será puesta a prueba contra  la información existente. El resultado: la reacomodación de las estructuras de significado (ahora lo entiendo mejor) o su renovación (antes estaba en un error pero ahora lo entiendo)”, cuenta la neuropsicóloga.

Finalmente, entramos en la Etapa 3 de Expresión. En ella, sólo a través de la comunicación e interacción con la realidad, podremos ser consciente de las estructuras de significado y/o usar el nuevo conocimiento efectivamente.

“Por esta razón, el ciclo de aprendizaje no termina hasta que la persona que aprende verbaliza sus comprensiones para hacerse consciente de ellas y ponerlas en juego frente a diferentes situaciones. Si las puede enfrentar con eficacia se habrá dado el aprendizaje; de lo contrario, el ciclo se reiniciará”, concluye Diana Maria Alvarez Amariles.

Y en estos momentos, así que como con cualquier otro proceso interno durante el que necesitemos de apoyo, que la terapia psicológica será de gran ayuda. Recordemos que iniciar el proceso de psicoterapia es entablar un encuentro consigo mismo, conocernos más y sentirnos más preparados para todo lo que estamos viviendo.

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¡Cuidémonos de enero a enero!

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