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Hablemos sobre Bullying

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¿Qué es el bullying?

Comencemos definiendo que es el bullying o acoso, que suele ser entendido en el campo de la psicología y la psicología social como un “comportamiento agresivo sostenido, con un imbalance de poder o de fuerzas entre el agresor/acosador y el agredido/acosado” (Olweus, 1993).

El bullying consiste en un maltrato psicológico, verbal o físico producido entre alumnos de nivel escolar, que se suele producir tanto en el aula como a través de Internet y las redes sociales (ciberacoso) y que se mantiene a lo largo del tiempo. El acosador suele requerir del silencio, la indiferencia o la colaboración de otros niños de la clase y es considerado un tipo extremo de violencia escolar.

El maltrato emocional o físico se suele dirigir hacia el que se percibe como menos poderoso, ya sea porque de hecho existe desigualdad entre víctima y agresor o porque este último actúa de forma grupal, lo que le hace superior psicológica o físicamente. El deseo de infligir daño por el agresor se vuelve obsesivo y se alimenta del placer que experimenta al hacer daño a alguien vulnerable. El acosador, además, no suele experimentar culpa y se comporta de manera agresiva con la víctima de forma repetitiva.

Las modalidades más habituales en las que se presenta el bullying, como cualquier tipo de maltrato son las siguientes:

  • Físico: maltrato que tiene la agresión física como componente principal (patadas, pellizcos, puñetazos, empujones, zancadillas)
  • Verbal: suele estar basado en insultos o sobrenombres (motes) realizados generalmente en público y haciendo hincapié en las incapacidades, inseguridades o discapacidades de la víctima.
  • Psicológico: este aspecto forma parte de todas las modalidades de maltrato, y se dirige a minar la autoestima de la víctima y hacer que crezcan sus temores e inseguridades.
  • Social: está orientado a fomentar la exclusión de la víctima con respecto al grupo, haciendo participes de esta acción a otros individuos para potenciar el aislamiento.
  • Ciberbullying: el uso de tecnologías como internet y las redes sociales para molestar, amenazar, humillar o acosar a la víctima.

Consecuencias del acoso escolar a corto y largo plazo

El acoso, que como decimos puede abarcarse dentro del maltrato psicológico, tiene graves consecuencias en aquellos que son partícipes y sus víctimas. Todas las personas involucradas sufrirán consecuencias a corto y largo plazo, desde la víctima hasta el agresor, pasando por los espectadores.

El bullying puede afectar la salud física de la víctima, con efectos inmediatos como daño físico, pero también efectos a largo plazo, como dolores de cabeza, trastornos de sueño o somatización. Los síntomas relacionados con el estrés o la ansiedad ocasionados por el bullying incluyen: trastornos del sueño, problemas gastrointestinales, dolores de cabeza, palpitaciones, sensación de cansancio para hacer cosas, sentimientos de soledad, pérdida de autoestima, poca confianza en sí mismo/a y en los otros, ansiedad, infelicidad y hasta actos de suicidio.

Es habitual observar en la clínica con adolescentes víctimas del bullying, la falta de motivación propia y desconfianza hacia sus pares o personas fuera de su entorno más íntimo, como también la desesperanza por el futuro.

Para el niño que sufre de acoso escolar, se produce un grave deterioro de la autoestima, un desarrollo de problemas emocionales como la depresión y la ansiedad, y actitudes pasivas en general. Una de las consecuencias más claras en muchos casos puede ser el descenso del rendimiento académico y en ocasiones el abandono escolar, como consecuencia de una falta de interés por los estudios a raíz de la situación de maltrato. En casos extremos, el niño puede llegar a presentar pensamientos suicidas e incluso intentos de suicidio. El niño o adolescente que es víctima de este tipo de agresiones, por lo general es etiquetado como el “EL RARO”, del aula y por ende es el que está en la mira constante para que el agresor.

Las víctimas de acos pueden tener mayor riesgo a desarrollar:

  • Trastorno de estrés post traumático,
  • Trastorno de la personalidad antisocial,
  • Depresión y otros trastornos de ansiedad en la edad adulta.

Estas secuelas emocionales lo hacen uno de los problemas en la infancia que más tienen efecto a largo plazo, llegando a mantener su influencia negativa en la vida y la salud mental de las víctimas más allá de una década después del acoso escolar.

Los agresores también presentan secuelas debido a su comportamiento violento e intimidatorio en sus relaciones sociales, lo que puede llevar al desarrollo de conductas delictivas.

Resulta fundamental que los padres de las víctimas de acoso escolar, se comuniquen con sus hijos y les escuchen, manteniendo la calma en todo momento. Suele ser muy frecuente que los padres sean los últimos en enterarse de la situación que está viviendo su hijo, por lo que deben estar atentos a cambios repentinos en su comportamiento, como, por ejemplo, irritabilidad, tristeza, miedo a ir al colegio, pesadillas, pérdida de apetito, dolores de cabeza o de estómago. Cualquier cosa que se salga de lo habitual en cada niño o adolescente, debe ser tomado como un signo de alerta.

Padres y profesores deberán tener en cuenta ciertas actitudes a modo de alerta:

  • Cambios en el comportamiento.
  • Cambios de humor, tristeza o irritabilidad.
  • Trastornos en el sueño: le cuesta más dormir y suele tener pesadillas.
  • Cambios en los hábitos alimentarios: comen compulsivamente o les falta el apetito
  • Presentan síntomas psicosomáticos, como dolor de cabeza o de tripa sin una causa orgánica que lo justifique.
  • Presentan señales físicas. Hay que poner especial atención si aparecen frecuentemente con golpes o rasguños y diga que se ha caído.
  • Rechazo continuado a ir al colegio.
  • Problemas para relacionarse y aislamiento.
  • Cambios en su rendimiento escolar. Puede perder interés por los estudios, así como dificultades a la hora de mantener la concentración y la atención.

Dentro del papel de los padres en la resolución del bullying, está la importancia de reforzar la autoestima del niño y el señalar que no debería sentirse culpable porque no tiene culpa alguna de lo que le está sucediendo. Sería bueno potenciar la generación de nuevas relaciones sociales en la vida del niño, dentro o fuera del colegio. Se debe recomendar al niño que no responda a las agresiones y que si tiene pruebas o mensajes (en caso de ciberbullying), debe conservarlos dentro de lo posible.

La implicación del personal docente de la escuela resulta fundamental para la resolución del problema de acoso escolar. En ocasiones puede resultar difícil identificar el problema, sobre todo porque a veces no ocurre delante de los profesores.

Es importante abrir vías de comunicación con los alumnos, para que a través de la confianza puedan ayudar a los niños a que se abran y cuenten lo que está sucediendo. No se debe en ningún momento minimizar las quejas o referencias al acoso escolar, ni señalar que son “cosas de niños”.

Comportamiento del acosador (bully)

El acosado suele ser solitario, tímido, nervioso, temeroso y preocupado. Se encuentra aislado, tiene muy pocos amigos pues no es popular en el grupo, pasa desapercibido, no sabe poner límites, siente vergüenza y culpa.

El acosador es agresivo, dominante, desconfiado, sin habilidad para ponerse en el lugar de los demás y con poco control emocional. Necesita llamar la atención constantemente y no sabe resolver los conflictos sin violencia.

Comportamiento del observador del acoso

Los observadores son aquellos que, ante los acosos y la violencia hacia las víctimas, no hacen nada. Presentan una falta de sensibilidad, empatía y solidaridad. Estos son los testigos directos o virtuales del daño infligido al otro.

El rol de los testigos no es banal ya que el intimidador busca un público que, aunque silencioso y pasivo, lo reconozca como el más fuerte y contribuye así a mantener su estado de superioridad. Por su parte, la humillación de la víctima aumenta más todavía por los observadores de su impotencia para defenderse.

Recomendaciones para quienes son acosados:

  • Intentar mantener la calma,
  • No responder de la misma manera.
  • Intentar hablar amistosamente.
  • Abandonar el lugar.
  • Hablar con alguien que pueda ayudarte (padres y profesores, especialmente).

Recomendaciones para los padres del niño acosado

  • No se enfrenten al acosador.
  • Habla con tu hijo/a, atiéndele y escucha sus puntos de vista.
  • Ofrece modelos positivos y mantén buenas relaciones familiares.
  • Resuelve amigablemente los conflictos y no aceptes la violencia.
  • Ayúdale a encontrar soluciones a sus problemas.
  • No permitas que provoque a los otros.
  • Enséñale a reflexionar.
  • Ten presente que la primera defensa contra la intimidación es la autoconfianza.
  • Educa en valores de respeto y tolerancia.
  • Vela por su crecimiento emocional y ayúdale a sintonizar con los sentimientos de las demás personas.
  • Define normas claras y consistentes y aplícalas. Explícale claramente qué está permitido y qué no y da los argumentos que sean precisos.
  • Facilítale oportunidades de construir amistades.
  • Pregúntale cómo le tratan los amigos y los compañeros de clase, e interésate por conocerlos, invítalos a casa
  • Controla los programas de TV. Muchos programas y videojuegos refuerzan la idea de que la agresión es la única manera de resolver los conflictos.
  • Motívalo/a a realizar actividades para desarrollar habilidades que sean valoradas por los niños de su edad. Ofrécele materiales y oportunidades para realizar actividades en grupo.
  • Háblale sobre cómo plantar cara al problema: ayúdale a encontrar respuestas adecuadas en el caso de que le molesten o le intimiden y no le animes a que actúe de la misma forma.
  • Implícate en su educación escolar.
  • Busca ayuda profesional para manejar las consecuencias psicológicas y conductuales que el acoso le esté suponiendo, así como aprender habilidades de afrontamiento.
  • En casos extremos también podes acudir a la denuncia.

Los psicólogos ocupamos el rol de agentes de atención primaria en casos de violencia escolar. Nos corresponden las acciones de promoción, prevención e intervención, que buscan favorecer los ambientes protectores en la familia, la escuela y la comunidad.

Acudir al psicólogo en estos casos, es de esencial importancia, estamos capacitados para ayudarte.

Gabriela Ojeda

Soy Gabriela Ojeda, Lic. en Psicología. Actualmente me especializo en psicología clínica infanto-juvenil, también hago consultorio con jóvenes adultos y adultos mayores. Como es sabido, actualmente nos encontramos atravesando momentos complejos, qué afectan nuestra salud mental y por lo tanto nuestro bienestar individual y social, es por ello que contamos con el maravilloso recurso de ocuparnos de estas cuestiones desde la comodidad de nuestros hogares a través de nuestras sesiones virtuales. Siempre estamos en el momento preciso para comenzar psicoterapia, ya que es un acto de valentía, de amor propio, y es una excelente oportunidad para obtener una mejor calidad de vida, aumentando el autoestima, realizando cambios actitudinales que nos ayudaran a mejorar. Encuentra ese equilibrio necesario, en este espacio... tu espacio!

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