Estilo de vida

La vejez en retrospectiva

Cuando llega el momento de realizar una reflexión.

Cómo vemos el futuro a través de la vejez

La inminencia de la muerte. A pesar de lo angustiante que puede ser a priori, también puede tener la función de movilizar el deseo. De proyectar en el futuro, ideales, aspiraciones y sueños que terminan, de algún modo, conformando también el sentido del presente. De esta manera comenzamos a retratar diferentes imágenes sobre quién queremos ser y qué queremos hacer con nuestra vida.

Es así como en un futuro tapizado en ideales y aspiraciones se termina volviendo inevitable la construcción de una ilusión.

¿Qué ocurre cuando llegamos a la vejez, al tercer acto?

La energía no es la misma. Nuevas arrugas sorprenden al cuerpo cada día y lejanos recuerdos de nuestra juventud parecieran estar al principio de una novela que estamos terminando de leer. Más que en el futuro, es en los recuerdos del pasado donde se embriagan nuestros pensamientos.

La interrogante que guía nuestra narrativa produce un giro, pasando del adolescente voraz que se pregunta quién quiero ser, al adulto que se cuestiona qué puedo hacer, para finalmente ser un espectador del tercer acto que entre recuerdos contempla lo que fue.

En esta retrospección, en la contemplación de nuestra historia donde pareciera que uno se ve frente al espejo, se logra apreciar la construcción del sujeto. La pregunta es: ¿Cómo nos sentimos con aquello que vemos en ese reflejo? Ver cada vez más cerca el punto final puede hacer que el individuo no piense en los pasos que faltan por dar; sino en los que ya dio.

El futuro ataviado en ideales e ilusiones se difumina, y el individuo queda frente a frente con lo realizado: su pasado. Ahora, bien sabemos que la lectura de la narrativa de cada individuo también se despliega en un equívoco. Los conflictos, experiencias, traumas o hitos toman diferentes sentidos acordes al ojo crítico que toma el individuo con respecto a su propia narrativa.

Dependiendo del estilo de esta lectura, nos podemos encontrar con diferentes casos como sentimientos de integridad o de auto-realización; actitudes maníacas que buscan negar las implicancias de la vejez; depresiones causadas por los duelos o desilusiones que ha tenido el individuo (estos tipos de lectura no son estáticos, debido a que se efectúan sobre la flexibilidad equívoca del discurso subjetivo).

En este plano, la clínica tiene una función preponderante durante el transcurso de la vejez.

La psicología como acompañamiento en la vejez.

El acompañamiento en la re-lectura o re-construcción de la narrativa del paciente y la posición del psicólogo como receptor de un testimonio de vida, es lo que podría permitir re-elaborar ciertos conflictos y malestares que no fueron abordados en su momento. En otras palabras, buscar cierta armonía y calma con lo vivido.

Bajo esta lógica, la re-elaboración de ciertos conflictos va de la mano con la exploración del recuerdo y la búsqueda de lo-nuevo que puede surgir dentro del relato, como una nueva forma de vivir el recuerdo (otorgándole un nuevo sentido). Así la re-construcción de la narrativa permite que ciertos conflictos y nudos se exploren y amplifiquen, deshilándose. Que ciertas ideas rígidas que causan malestar pierdan consistencia; y que ante la re-significación se pueda encontrar alivio, produciéndose un cambio en la posición subjetiva del individuo con respecto al malestar encarnado en su narrativa.

El duelo característico de la vejez ante los cambios corporales y las pérdidas de los lazos sociales también incita a hablar sobre la importancia del sentido que se le da a la rememoración en la clínica de la tercera edad, donde el acto de recordar arraiga consigo una noción de conservación, donde “lo perdido”, más que estar ausentes, permanece vivo en el recuerdo. En lo vivido y realizado. Es así como la re-significación y la rememoración en el escenario clínico pueden permitir que la vejez sea una etapa donde la retrospectiva permita una apropiación del pasado, más que un sentimiento de lejanía y pérdida.

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