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Máscaras sociales: “Sólo aparento ser así”: 

mascaras en la sociedad

¿Soy el único que usa una máscara? 

En nuestra vida social, cada uno de nosotros damos a conocer y conocemos de los demás ciertas formas de pensar, sentir y actuar que se presentan de manera constante en el tiempo; características que vamos incorporando en el transcurso de nuestra vida y que conocemos comúnmente cómo nuestra “Personalidad”. 

Y no es casualidad que justo esta palabra tenga su origen etimológico en el latín “personam”, que era la palabra que designaba a la máscara que cubría el rostro de los actores durante las representaciones dramáticas. Porque son justo estas formas de pensar, sentir y actuar las que “nos ponemos” de acuerdo al contexto en el que nos desenvolvemos, como si fueran máscaras.  

Imagina por un momento que has regresado al jardín de infantes, tendrás que pasar por diversos festivales, y para cada uno de ellos necesitarás un atuendo diferente. Lo primero que habría que tener en cuenta es que va a haber una expectativa sobre lo que tendrás que presentar. La maestra, como representante de la autoridad, te dirá qué es lo que se espera de cada uno de estos atuendos, pero serás tú quién los elabore.  

Supongamos entonces que tú y todos tus compañeros ponen manos a la obra, y llegan a casa a solicitar el material que se requiere, ¿Todos tendrán las mismas oportunidades? ¿Todos los padres les podrán brindar las mismas herramientas?  Al otro día llegas al salón de clases y te das cuenta de que algunos llevan engrudo, otros, siliconas, pegamentos blancos o diurex y, algunos, más llegan sin material. 

Comienzan a construir una máscara, las especificaciones son las mismas para todos, sin embargo, cada uno plasma en ella lo que comprendió que se esperaba, y lo que puede realizar con lo que tiene. Habrá quién en su creatividad pueda hacer mucho con poco, habrá quién teniendo todos los materiales, no tenga la iniciativa o la motivación y quede en espera de más instrucciones. Quizá alguno pueda obtener ayuda de algún amigo, ya sea para tener algo de material, o para solucionar algún problema que se le presente, así como habrá quién la haga solo. 

La realidad es que cada una de las máscaras “cubrirá” en cierta forma lo que se esperaba de ella, pero ninguna será igual a la otra, porque las circunstancias de cada persona son completamente diferentes en todo momento de la vida.  

Y así, un día te encontrarás rodeado de otras personas que, cómo tú, usan una máscara de acuerdo a lo que el contexto les exige, pero esa máscara, siempre tendrá el sello del mundo interior de quién la realizó, de sus circunstancias familiares, sociales, económicas, emocionales, intelectuales, etc.  

Máscaras sociales

Y si todos usamos máscaras, ¿Por qué siento que aparento? 

En 1955 los Psicólogos Joseph Luft y Harrington Ingham plantearon un modelo de autoconocimiento llamado ventana de Johari con el objetivo de demostrar gráficamente la interacción entre nuestra propia percepción y cómo nos ven las demás personas. Esta ventana se compone de cuatro cuadrantes:  

    • El área pública: lo que tanto yo como los demás conocen sobre mí. 
    • El área ciega: lo que los demás conocen sobre mí y yo no conozco. 
    • El área oculta: lo que conozco sobre mí y no cuento a los demás 
    • El área desconocida, lo que no yo ni los demás conocemos sobre mí. 

Este modelo nos resulta muy útil para comprender por qué en ciertas circunstancias sentimos que es necesario aparentar, en qué momento esa máscara que todos tenemos y mostramos a los demás a través de nuestra forma de pensar, sentir y actuar, nos comienza a avergonzar, y entonces la cubrimos con otros elementos. Y nos comportamos cómo aquel adolescente que lleva el pelo en la cara para que nadie note que ha tenido un brote de acné, porque tememos que la gente descubra lo que hemos construido con el paso de los años.  

Es entonces necesario comprender lo que se encuentra en el área oculta de la ventana de Johari. Y si bien, muchas de las cosas que están en esta área son parte de la privacidad de una persona y no tienen por qué salir a la luz, existen otras tantas que se esconden por temor a juicios o reacciones negativas. Ellas son características de esa persona que no logramos aceptar, y por lo tanto, no queremos que otros noten en nosotros.   

Y eso ¿Cómo me afecta? 

Para poder tener una autoestima saludable, uno de los pilares fundamentales es la aceptación, y para ello es imprescindible comprender que todos, absolutamente todos tenemos defectos y virtudes. No se trata de ir por ahí gritándolos, pero sí de mirarnos con comprensión y aceptar que existirán siempre en nosotros aspectos en los que podemos mejorar, pero que, para hacerlo, lo primero que se requiere es aceptar que se encuentran allí.  

En la actualidad, vivimos en un mundo plagado de máscaras, filtros, vidas editadas a través de las redes sociales en las que se muestra únicamente lo bueno, lo bello, lo perfecto, y estamos además en la eterna búsqueda de la felicidad, como si fuera una meta y no un camino. Vivimos rodeados de un positivismo que muchas veces nos hace pensar que los únicos que estamos mal somos nosotros, y nos impide aceptar nuestras debilidades pero, sobre todo, es clave acceder a los recursos necesarios para poder trabajar con ellas, para pedir la ayuda que tanto necesitamos.  

Cuidemos entonces que nuestras máscaras nos pertenezcan, que pulamos y trabajemos en mejorar los aspectos de nuestra personalidad que consideramos un área de oportunidad, pero, sobre todo, que no nos volvamos esclavos de aquellas máscaras que creamos para encajar en lo que pensamos que “debemos ser”, trabajemos en la aceptación y en superarnos (a nosotros mismos). 

máscaras sociales

Rosalinda Castillo Macías, Psicóloga de Psyalive

Rosalinda Castillo Macías es Licenciada en Psicología y, hoy, quiere acompañarte en este camino.   “Ha trabajado en colaboración con colegios, clínicas, hospitales y diversas asociaciones civiles en el desarrollo e implementación de programas de prevención de riesgos psicosociales, así como en la atención psicoterapéutica de adolescentes y adultos.     Por otra parte, desarrollo procesos de Orientación Vocacional en su modalidad clínica, así como evaluaciones psicométricas y peritajes psicológicos a niños, adolescentes y adultos como parte del desahogo de pruebas en procesos legales no orales.”

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