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Violencia de género: viviendo aún en un sistema patriarcal

Los discursos patriarcales delinean los modos de subordinación femenina adecuados para el mantenimiento del sistema patriarcal, de esta forma sostienen un orden cultural subordinando a la mujer,  destituyéndola de su función deseante, quedando ubicada en el lugar de objeto.

Este tipo de violencia la podemos llamar simbólica, donde queda revestida por un ideal yoico narcisista, que en muchos casos genera una fuerte tensión con otros aspectos narcisistas deseantes y un malestar para las mujeres, como depresiones, agorafobias, etc.

La normativa para la feminidad es la ubicación subordinada pero esta normativa viene acompañada de una amenaza, que quien no entra, quien no se somete a esta norma pierde identidad y se masculiniza, generando angustias de desidentificaciòn.

Ser vìctima de violencia de gènero evidencia el padecimiento de ser mujer. La violencia contra las mujeres genera modos de constituirse como sujetos en el espacio pùblico y determina pautas tanto conscientes como incoscientes, estrategias de posicionamiento social y también mecanismos de defensas que se ponen en juego y que marcan una vivencia de alerta femenina, que se iguala a una vulnerabilidad social que padecen otros grupos marginados.

Desde la practica en mi consultorio sostengo de suma importancia no tomar estos casos como problemas intrapsìquico solamente, porque desde esta posición solo se logra revictimizar a la mujer, aumentando sus sentimientos de culpa, impidiendo de esta forma la elaboración de los sentimientos que despierta ser vìcitma de violencia.

El mito patriarcal de la horada primitiva, describe a un varòn, como poseedor de todas la mujeres hasta que los hijos, se unen para matarlo. Esta acción los habilita a establecer una normativa social, solo de varones, donde las mujeres son objetos de intercambio.

Esta narrativa mìtica, de basamento patriarcal, invisibiliza la violencia hacia la mujer, quedando en el tapete que la masculinidad es la poseción de la mujer, quien no logra dominar y controlar pierde su categoria masculina.

Esto último nos ayuda a pensar los casos de femicidio que van en aumento,en función al temor del hombre a perder su posición privilegiada.

La adquisicióm de las masculinidad se basa en el control de los afectos para no feminizarse y junto a esto, la lucha por el poder para afianar su posición masculina.

Para poder entender por què el hombre ejerce sobre la mujer persecución y control, que en muchos casos existe una cuestion persecutoria de celos hacia su pareja, hay que tener en cuenta la vertiente de poder y prestigio que atraviesa la subjetivación masculina.

El celoso desarrolla una vigilancia permanente, donde exige que su pareja confiese hasta sus pensamientos, para confirmar que el deseo  esta puesto en otro lugar y no en él. Esta certeza lleva a tomar medidas preventivas, modo de vestirse, de caminar de hablar, etc.

Al sentir amenzado su narcisismo se le impone castigar a la persona que hace tambalear su masculinidad, explotando la furia.

Se observan en muhos casos de femicidio que el hombre al sentir, que ya esta persona no le pertenece , que ha decidido correrse de ese lugar de objeto, empoderarse, ser sujeto de derecho, tomar su vida para otra vez volverlas al lugar de objeto.

Lorena Majluf

Trabajo como psicóloga clínica desde el año 2005. Mi formación inicio en el ámbito público, en la Dirección Gral. de Infancia y Familia allí trabajé con niños/as y adolescentes victimas de abuso sexual infantil y con mujeres víctimas de violencia de género. Trabajé en le hospital de día y centro de salud mental Pichón Riviere como psicóloga en consultorios externos y hospital de día.

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